Kevin Serrano, AragonSport.com
El Valencia CF vive una época de transición. Tras las cuatro temporadas de Unai Emery al frente del banquillo ché, este mismo verano el argentino Mauricio Pellegrino tomó los mandos de la nave. Emery consiguió consolidar al conjunto valenciano como primera alternativa al régimen autoritario de Real Madrid y Barcelona.
El técnico vasco situó a su equipo en la tercera plaza de la Liga BBVA, posición que te otorga el derecho a jugar la máxima competición continental sin disputar ronda previa alguna, en los últimos tres cursos que estuvo al mando. Sin duda, clasificación más que meritoria viendo la entidad de sus rivales en lucha y el goteo incesante de salidas "élite" que sufría el Valencia cada verano.
Unai se supo reinventar cada nueva campaña y hacer del Valencia un conjunto realmente competitivo. Su Valencia era intenso, empujaba, te metía atrás, hacía jugar el partido en muy pocos metros, generaba transiciones rápidas… Un gran equipo que deparó muchas noches espectaculares, pero que finalizó su etapa por la autoexigencia de una afición que ha destronado a enormes entrenadores que consiguieron fructíferos éxitos con el conjunto ché, como Héctor Cúper, Rafa Benítez, o el propio Unai Emery.
Ahora, el club valenciano busca un libro de estilo sobre el que sostenerse. Una forma de jugar y afrontar todavía ilegible en estas primeras jornadas ligueras. Situados en la quinceava posición de la tabla, tres puestos por debajo del Real Zaragoza, y con tan sólo cinco puntos, las urgencias en un club como el presidido por Manuel Llorente, son más que evidentes. El ‘run run’ de la afición ya es un hecho y el conjunto aragonés intentará ahondar en la herida este próximo sábado.
Mauricio Pellegrino está dotando al equipo de una pausa exageradamente lenta. Su juego es demasiado horizontal, no tiene un ápice de velocidad y evidencia unas dificultades enormes para construir desde atrás. Quizás la clave de tales defectos sean las condenatorias bajas de Banega, Gago y Canales, jugadores con un talento por encima del de sus compañeros para generar juego. Parejo y Tino Costa son incapaces de mover con fluidez y criterio toda la nave valencianista. En definitiva, las bajas de jugadores como Jordi Alba y llegadas como la de Andrés Guardado, ejemplifican a la perfección la teoría de que se fue un Valencia vertical y ha llegado uno horizontal.
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